Gurovich Weisman, A. (1990). La Pintana: la ciudad Interminable. Revista INVI, 5(9). Como citar este artículo
LA PINTANA: LA CIUDAD INTERMINABLE

Revista invi N°9/Enero 1990/Año 5:5-19

ARTÍCULO

LA PINTANA: LA CIUDAD INTERMINABLE

ALBERTO GUROVICH W.

La ciudad es una suerte de prontuario de la historia de la sociedad que la piensa, la construye, la usa y la evalúa, aunque a veces (como en el ejemplo que veremos) la perciba como un hecho ajeno a su voluntad. En ocasiones, algunas de sus partes se transforman en el símbolo de cierta época, cuando sobre ellas confluyen procesos de tal naturaleza, o efectos de tal magnitud que por su sola realización motiven significados trascendentales y ampliamente compartidos.
Tal es el caso de La Pintana, una de las muestras ejemplares del "urbanismo autoritario" de los últimos tiempos. Vamos a tratar de describirlo para aclarar esa condición ejemplar. El camino para encontrar su explicación, con rigor y objetividad, todavía está por ser transitado. Y aprender a buscarla, será una tarea necesaria de hacer en los próximos años.

Introducción

En el transcurso de la segunda mitad del siglo veinte, la ciudad de Santiago de Chile ha venido experimentando una serie de variaciones que pueden ser leídas de maneras tan diferentes como, por ejemplo, la asimilación a un modelo de modernización social que se estaría gestando en torno a balances de equilibrio de mercado y por la vía de integración de ciertos agentes del desarrollo urbano, en el límite estructural-funcionalista del abanico teórico, o bien como el perfeccionamiento de una forma organizada que se iría paulatinamente adecuando al modo de producción del capitalismo periférico, en el otro borde histórico-estructural de las teorías.
Los procesos más relevantes en este período han sido:
(1) el continuo aumento de la población y de la superficie urbana;
(2) el distanciamiento social creciente entre sectores de la ciudad;
(3) el incremento de la disparidad entre el centro de la ciudad y el primer anillo, y entre ambos y el resto del área metropolitana;
(4) la ampliación del número y tamaño de los espacios de incertidumbre, en cuanto a su destino de uso y valor; y, finalmente,
(5) las diferentes velocidades de consolidación de las zonas periféricas recientemente incorporadas a la ciudad.


En efecto, entre 1952 y 1982 el crecimiento de la población del Gran Santiago ha sido de 1,91 veces el de la población chilena, hasta llegar a sumar los cuatro millones en el presente, con una densidad media de 92,7 habitantes por hectárea, lo cual implica un descenso del 12.37% respecto a la densidad media de 1952.
Este crecimiento de la población santiaguina se mantiene acelerado en una primera fase, hasta 1970, durante la vigencia del modelo de sustitución de importaciones. La capital se expande, especialmente hacia el sur, oriente y poniente, y se despueblan sus comunas centrales (Santiago, Providencia, San Miguel y Quinta Normal), aquellas que constituyeron la ciudad formal hacia 1930.
Entre 1970 y 1980, durante la segunda fase del período que analizamos y ya reemplazado el modelo sustitutivo, aunque continúa el crecimiento horizontal se van produciendo rellenos intersticiales en las comunas intermedias y comienza a elevarse la edificación fuera del ámbito del centro principal, hasta adquirir una presencia significativa en el oriente y nororiente.
En cambio, la década de 1980 está señalada por la aplicación de una política de desarrollo urbano contraria a la planificación estatal de las etapas anteriores, que supone el dominio del mercado en la asignación de inversiones. El espacio ocupado por la ciudad se dilata, pero también se agudizan las disparidades seccionales del nivel de urbanización y la accesibilidad. En tales circunstancias, la iniciativa privada (considerablemente protegida) dirige sus negocios inmobiliarios hacia el cuadrante oriental, ocupando parte del piedemonte de la cuenca con viviendas, grandes complejos comerciales y servicios para los grupos de altos ingresos, y además renueva las comunas mesorientales con edificación en altura para viviendas, comercio y oficinas, e invierte en el suroriente y surponiente (La Florida y Maipú), donde construye numerosos conjuntos habitacionales para los grupos de ingresos medios. Entretanto, el Estado despliega una estrategia de subsidio residencial para los ingresos bajos, lo cual le permite
compatibilizar su papel de reasignador del consumo social con el de dinamizador de la economía privada, movilizando capital y orientándolo hacia las empresas constructoras, las que se benefician en proporción a su capacidad económica y tecnológica, y simultáneamente procede a erradicar poblaciones de niveles precarios, desde los cuadrantes favorecidos y sobrevalorados hacia los márgenes más alejados del sur, norte y poniente de la ciudad, reforzando las condicones negativas de tales secciones del anillo periférico, todo ello en el marco de un creciente (y discutido) déficit de viviendas de interés social.


Como consecuencia de los cambios que hemos reseñado, algunas comunas orientales se van escindiendo del resto, en términos de sus ventajas de habitabilidad, incorporadas en un espiral apenas moderado por las contradicciones creadas por la propia liberación de las normas que regulan el uso y ocupación del suelo. Es así como en terrenos valorizados y prestigiados se construyen viviendas en altura, afectando la privacidad de los sitios aledaños, o se instalan unidades comerciales con demandas no satisfechas de estacionamientos.

La ciudad de Santiago, a pesar del cambio del modelo económico, se mantiene como la mayor concentración industrial del país, si bien en los últimos decenios aumenta la proporción de empleos de servicio, la mayor parte del cual se va a localizar en el centro principal, en fracciones del primer anillo y sobre los principales ejes de circulación que confluyen al centro desde el oriente. Consistentemente, el Estado invierte en el fortalecimiento de la centralidad del centro principal. Así, termina de abrir las dos primeras líneas del ferrocarril subterráneo y transforma vías en paseos peatonales, acrecentando su accesibilidad. Al mismo tiempo permite subir la altura máxima de edificación y el cuociente de constructibilidad, junto con aprobar soluciones discrecionales de estacionamiento, estimulando el interés de los inversionistas privados, el cual se traduce en un notable aumento de la superficie edificada y en la ampliación y renovación constante de las instalaciones comerciales y de las tradicionales galerías de este destrito, separándolo todavía más de su entorno.
Entretanto y por efectos de la crisis económica del último decenio, tienden a vigorizarse la pequeña industria, el artesanado y otras fórmulas alternativas de producción que, en su mayoría se localizan en las áreas de deterioro que rodean el centro principal y algunos tramos del anillo periférico, colaborando a incrementar las distancias sociales en cuanto se articulan con zonas residenciales deprimidas.
De este modo, el anillo envolvente del centro principal, ahora francamente diversificado, se convierte en una de las dos claves de la estructuración de Santiago.


Los cuadrantes del poniente y sur del anillo, aparecen compuestos por actividades heterogéneas y edificaciones deterioradas y muy afectadas por el terremoto de marzo de 1985, a más de una subida cantidad de predios eriazos. Allí se combinan viviendas tugurizadas, estacionamientos de apoyo al centro principal, comercio mayorista e industrias de servicio, talleres y bodegas. La participación de los inversionistas privados es limitada y discontínua, y el Estado, por su parte, continúa sustentando proyectos de ampliación viaria, rehabilitación y renovación urbana, diseñados entre 1930 y 1960, sin implementarlos en definitiva, y desaprovechando el potencial de movilización de recursos económicos y participación de los propietarios y los habitantes del sector.
La otra clave del cambio urbano del Gran Santiago está en el desarrollo de la periferia metropolitana. En ellas se manifiestan casi todos los procesos relevantes que citamos al comienzo. Es allí donde aumenta la superficie residencial y se evidencian las mayores desigualdades del patrimonio edificado y de las redes de equipamiento e infraestructura. También allí se produce un volumen considerable de espacios de incertidumbre y los cursos más variados de consolidación de las áreas recientemente incorporadas y de aquellas que están próximas a los anillos interiores de la formación metropolitana.
La superficie urbana que constituye el ámbito periférico ha crecido permanentemente pero a distintas velocidades, como se advierte en la siguiente comparación de períodos intercensales, calculada por el Instituto Nacional de Estadísticas:

La desaceleración que se observa en el último período habría sido superada a partir de 1979, gracias al cambio de política habitacional del Estado y a la liberalización de las normas que regulaban la disponibilidad de espacio urbano. Al respecto, el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo estima que la tasa anual de crecimiento subió al 3,78% entre 1982 y 1985.
Ahora bien, el incremento de la superficie urbana del Gran Santiago entre 1970 y 1985, ha sido diferente para cada cuadrante, según hemos calculado sobre los mapas oficiales del MINVU:


En el cuadrante oriental de la periferia, con excepción de las comunas de Macul y Peñalolén, residen los grupos de mayores ingresos del área metropolitana, con algunos problemas de pendientes y cursos de agua que determinan zonas de riesgos. En el cuadrante norte, donde habitan grupos de ingresos bajos a medio-bajos, se ha producido una trama compacta, con problemas de accesibilidad, sobre un plano ceñido por cadenas de cerros, áreas inundables, cementerios y construcciones industriales. El cuadrante del poniente, con el mismo sesgo socioeconómico que el anterior, presenta una pauta de ocupación todavía más irregular, obstaculizada por la calidad del suelo de fundación y la presencia del aeropuerto internacional de Santiago.
Por último, el cuadrante sur de la periferia, que acoge el mayor crecimiento del período, es el más variado puesto que contiene desde grupos de ingresos medios que abarcan desde profesionales, comerciantes y obreros especializados, en La Florida, Maipú, San Bernardo y Puente Alto, hasta familias en extrema pobreza erradicadas desde campamentos situados en casi todas las otras comunas del área metropolitana, como en el caso que describiremos a continuación.

LA PINTANA

En varias oportunidades a lo largo de la historia de la ciudad de Santiago y generalmente por efecto de decisiones provenientes de los vértices del poder, se han originado formas de diferenciación urbana que fortalecen y reproducen distanciamientos sociales, configurando presiones que tienden a separar del resto a los más pobres y aquellos cuyas posibilidades de participación en tales decisiones han estado mayormente coartadas.
Tal ha sido el caso de los Pueblos de Indios o "guangualíes" y de los rancheríos permitidos en (o expulsados hacia) los suburbios, las áreas de inundación y la caja del río Mapocho durante la Colonia y el comienzo del período republicano.
Lo mismo ocurre con los cuarteríos y conventillos levantados en (o transferidos hacia) las sucesivas periferias de la ciudad que va creciendo durante la segunda mitad del siglo pasado y el primer tercio del siglo veinte. La pauta se repite con las poblaciones "callampas" y otros modos de tugurización que se ven empujados a invadir los intersticios y perímetros de la ur-banización formal y nuevamente las riberas y anegamientos, desde 1930, los cuales son reubicados en (o sacados hacia) poblaciones suburbanas, a partir de 1947, y "operaciones sitio", entre 1964 y 1970. Y por último, vuelve a suceder con el proceso de erradicación de campamentos y el traslado masivo de miles de familias en condiciones de extrema pobreza, que son llevadas a (o bien, apartadas hacia) los asentamientos periféricos que desbordan la ciudad, entre 1979 y 1985 1
El ejemplo que vamos a mostrar se incluye en la etapa más reciente y se caracteriza por alcanzar niveles inéditos en el desarrollo de la disparidad que comprometen a todas las articulaciones metropolitanas.
Es así como ha intervenido, durante estos últimos años, una estrategia de reorganización del espacio social de la ciudad, vinculada al desenvolvimiento de una política económica de corte neoliberal que, entre otras medidas, implicó la mudanza de 30.225 familias habitantes de campamentos hacia nuevas localizaciones 2, provocando una suerte de polarización de secciones homogéneas, cuyos resultados se aproximan a las definiciones conceptuales de segregación y expoliación urbana 3
Tales intervenciones del aparato del Estado se facilitaron gracias a un proceso de reforma municipal; a la modificación, parcialmente rectificada después, de los principios normativos que regulan el uso y disponibilidad de suelo urbano; y a una serie de cambios en la división administrativa del área metropolitana. También, en cierta medida, respondieron a la movilización de los grupos sociales de menor capacidad económica, que fueron transformando sus demandas postergadas en reivindicaciones políticas, y a las influencias en la gestión estatal de los empresarios de la construcción y del intercambio de bienes inmuebles 4
Aunque las soluciones de erradicación de campamentos se iniciaron entre 1976 y 1978, el procedimiento se aceleró en el período que media entre 1979 y 1985, especialmente por la aplicación del llamado "subsidio dirigido", desde 1981, y de hecho continúa hasta febrero de 1989 5
El mayor volumen de radicaciones, en tamaño y número, fue a concentrarse en la nueva comuna de La Pintana, la cual pasó a ser el caso demostrativo de la estrategia de reorganización y sus conflictos. La superficie de La Pintana, originalmente formada por terrenos de secano, había sido incorporada a la agricultura después de la construcción del sistema de regadío del canal de San Carlos, en 1821, en el marco de uno de los planes regionales mejor logrados de nuestra historia. Situada en el extremo sur del llano del Maipo, conservó una trama de fundos y parcelas florecientes hasta, hace cincuenta años, cuando en las subdivisiones comenzaron a mostrarse los primeros indicios de la expansión urbana 6
En 1942, la Caja de la Habitación Popular adquirió los títulos de dominio del fundo La Pintana, que en el pasado había pertenecido al presidente Aníbal Pinto, para ensayar allí la instalación de los primeros Huertos Obreros y Familiares del país, conforme a la ley número 6.815 de 1941. En ese lugar ubicado a dieciocho kilómetros de Santiago, la Caja edificó una población modelo destinada a la Sociedad Cooperativa José Maza, con viviendas de tres dormitorios sobre quinientos lotes de media hactárea, además de algunos servicios de equipamiento comunitario y reservas de espacio para los faltantes, cuya primera etapa se inauguró en 1946, y las siguientes en 1950 y 1957, permaneciendo hasta hoy, con pocas variaciones, como un símbolo del cooperativismo progresista 7
Entre 1960 y los comienzos de la década siguiente se produjo un poblamiento importante en las cercanías, a consecuencia de programas de "operación sitio" y tomas de terrenos que fueron conformando el sector urbano delimitado por Lo Martínez, Santa Rosa, Lo Blanco y San Francisco, con una densidad media actual de 230 habitantes por hectárea 8
En Mayo de 1981 se dividió la antigua y relativamente pobre comuna de La Granja9, creándose la nueva comuna de La Pintana, con 3.324,34 hectáreas de superficie, en el borde de contacto de la ciudad y su entorno rural inmediato. Desde 1979, esta unidad territorial, ahora independiente en las cuestiones de la administración local, pero al mismo tiempo "sujeto controlado de laboratorio" para la tesis de homogenización social de las comunas, explícitamente señalada entonces 10, había comenzado a recibir conjuntos de familias y poblaciones completas erradicadas desde doce comunas y cuarenta campamentos (principalmente de Santiago y Las Condes), incrementando en un ritmo inusitado su contenido demográfico.
Entre los censos de 1970 y 1982, la población de La Pintana aumentó de 35.603 a 73.573 habitantes, con una tasa de crecimiento anual acumulativa de 6,23%, que corresponde a 2,27 veces la del Gran Santiago en el mismo plazo. Posteriormente y teniendo en cuenta las radicaciones, la Secretaría de Planificación Comunal de su municipio, con el apoyo del Instituto Nacional de Estadísticas, proyectó una población de 142.074 habitantes en Diciembre de 1986, con tasa de crecimiento del 11,82 y el 17,88% para los bienios 1982-1984 y 1984-1986 11


En el período crítico que va desde 1979 a 1985, se anota una variación porcentual de radicaciones equivalente al 327.73% de aumento calculado sobre el número de familias residentes en los campamentos de la comuna en 1979, que es de 12,94 veces al promedio del Gran Santiago 12
Es difícil traducir los datos numéricos de familias a personas, debido al monto de allegados que continúa subsistiendo en los hogares y a ciertos problemas de representatividad en las muestras de las investigaciones que se hacen al respecto.
De todas maneras, está claro que este crecimiento fue provocando un fuerte impacto en las dotaciones de equipamiento y en los niveles de empleo, que ya eran deficitarios, más todavía por el perfil socioeconómico de la población incorporada. Desde muy temprano también, hay divergencias con las relaciones y roles urbanos y rurales que antes cumplía La Pintana, lo cual se manifiesta sobre la oferta y el valor del suelo y en la percepción de la imagen que los santiaguinos comienzan a tener de ella.
En Diciembre de 1984, el 52,56% de la población de la comuna vivía en campamentos de radicación, nuevos campamentos y poblaciones de erradicación, la cifra más elevada del Gran Santiago, apenas seguida por Renca y Peñalolén, con un 25,11% y un 22,26%, respectivamente. Las poblaciones de erradicación por sl solas, alcanzaban a cobijar el 43,62% de la población de la comuna 14


Según el SECPLAC, el 61,9°/o de la población de 1984, estaba clasificada en los índices 1, 2 y 3 de la ficha CAS, sobre extrema probreza. La misma fuente señala que el 40.07% de la población total de ese año se encuadraba en la edad escolar, pero la cobertura del sistema educacional era entonces insuficiente, alcanzando apenas a servir al 13,78% del nivel prebásico, al 60,04% del básico y al 1,99% del nivel medio de enseñanza en el ámbito comunal. Igualmente, se sostenía que la tasa de desocupación entre 1982 y 1984 se había incrementado en un 39,95% sobre la cifra dada por el censo del primer año, que era de un 48,8% de la fuerza de trabajo. Y también que el 25,73% de la población comunal no alcanzaba a ser atendida por el sistema de salud, servido por tres consultorios (Pablo de Rokha, San Rafael y Santiago del Nuevo Extremo)15


La erradicación significaba casi siempre un mejoramiento de la vivienda y de la higiene ambiental. Pero los otros componentes del nivel de vida, como las comunicaciones, el transporte, la educación, la nutrición y muy especialmente el trabajo, se deterioraban frente a las condiciones originales de los pobladores16


Entre 1982 y 1984, habían aumentado en un 59% las denuncias de asalto y robos con agresión perpetrados en su mayoría por jóvenes desocupados, de 14 a 18 años de edad 17


Hacia 1985, La Pintana aparece ubicada en el penúltimo rango de una confrontación de veintidos comunas de la provincia de Santiago, tratando diez indicadores sociales y económicos, con un pontaje equivalente a 0,71 veces el promedio18


Como reflejo de lo anterior, en el bienio 1985-1986 se advierte una notable disociación entre el número de postulantes habitacionales al SEREMINVU que solicitan esa localización y el monto de viviendas construidas allí. Para 1.020 unidades residenciales apenas postulan 206 grupos familiares, lo cual indica una razón de 0,202 veces, que contrasta con la relación inversa de 2,76 veces el número de postulantes frente al volumen de viviendas construidas en el Gran Santiago19



En 1987, los habitantes de La Pintana muestran el mayor grado de insatisfacción de sus necesidades básicas, en una comparación de ocho comunas que utilizan variables de salud, nutrición, vivienda y educación, con un valor de 1,94 veces el promedio, que es correlativo con la desViación de 1,58 veces el promedio representado por el porcentaje de población en extrema pobreza 20

. Y en el mismo año, la Dirección General de Deportes y Recreación califica el promedio de infraestructura recreativa de la comuna en 0,85 metros cuadrados por habitante, lo cual significa una desviación de 0,45 veces la superficie promedio de veintitres comunas del Gran Santiago, de 1,89 metros cuadrados por habitantes21


Hemos incorporado algunos cuadros elaborados a partir de información reciente de la Municipalidad de La Pintana, la cual, además de proporcionar las dimensiones del crecimiento comunal, evidencia el descenso paulatino de los estándares residenciales.

En resumen, el programa de reorganización del espacio social de Santiago, en el caso de la comuna de La Pintana, perjudicó irreversiblemente el potencial agrícola de su entorno rural, incrementó los costos públicos y privados de funcionamiento de la ciudad, y provocó deterioros en las condiciones urbanas de un numeroso contingente de familias de bajos recursos y capacidades de acción.
El traslado de pobladores desde otras localidades les permitió superar en parte sus penurias habitacionales y sanitarias, pero a costa de reducir sus niveles de integración espacial a la ciudad y de inclusión en un contexto social más heterogéneo, provisto de redes formales e informales de trabajo, de difusión de innovaciones y de mecanismos de convivencia y apoyo solidario, limitando drásticamente sus posibilidades ocupacionales y sus oportunidades de acceso a los bienes y servicios.

El aislamiento y la unificación de la pobreza en La Pintana se fueron consolidando en un circuito negativo debido al acrecentamiento de las distancias medidas en costos monetarios y tiempos de viaje, y sus consecuencias sobre el empleo y la certidumbre laboral, a la pérdida de la individualidad en la asociación involuntaria a un conjunto social discriminado por sus rasgos negativos y, finalmente, a la inseguridad en un medio donde se desarrollan procesos de descomposición institucional, violencia y degradación.
La pregunta central que sugiere el caso, es en qué medida puede reorientarse la tendencia del circuito, en un horizonte con mayores perspectivas de solidaridad social y de legítima racionalidad en el manejo colectivo de la ciudad.

NOTAS

1Entre otras fuentes: RAMON, Armando, "Santiago de Chile 1850-1900: Límites urbanas y segregación especial según estratos", pp. 253-276, art. rev. Revista Paraguaya de Sociología, núm. 42/43, año 15, Asunción, mayo-diciembre de 1978; de RAMON, Armando, "Suburbios y arrabales en un Área metropolitana: el caso de Santiago de Chile, 1872-1932", pp. 113-130, art. en II ARD)OY, J. E., MORSE, K. M. y R. P. SCIIAEDEL, comp., "Ensayos históricos-social sobre la urbanización en América Latina", ed. Sociedad Interamericana de Planificación (SIAP), Buenos Aires, marzo de 1978; de RAMON, Arriando, "La urbanización informal. Poblamiento de la periferia de Santiago de Chile, 1920-1970" , doc. de trabajo, sed., Santiago, s/f., 21 pp.; de RAMON, Armando, "Estudio de una periferia urbana: Santiago de Chile, 1850-1900", pp. 199-294 más planos; art. rey. Historia, núm. 20, col. Instituto de Historia, P. Universidad Católica de Chile, S.,utiago, 1985; ESPINOZA, Vicente, "Para una historia de los pobres de la ciudad", ed. Sur (Centro de Estudios Sociales y Educación), Santiago, 1988; CROSS, Patricio y Aneando RAMON, 'Calidad ambiental urbana. El ceso de Santiago de Chile en el período 1870 a 1940", pp. 141-165, art. rev. Cuadernos de Historia, núm. 2, ed. Departamento de Ciencias Históricas, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile, Santiago, julio de 1982; TO¬RRES 1)., Isabel, "Las conventillos de Santiago (1900-1930)", pp. 67-84, art. rev. Cuadernos de Historia, núm. 6, ed. Departamento de Ciencias Históricas, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile, Santiago, julio de 1986; y ROMERO, José Luis, "Latinoamérica: las ciudades y las ideas', ed. Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, junio de 1976.

2p. 56, en ORTEGA R., Eugenio y Ernesto TIRONI B., 'Pobreza en Chile", ed. Centro de Estudios del Desarrollo (CEO), Santiago, agosto de 1988.

3Entre otras fuentes:GRANAIX)S T., Marcos, "Elementos conceptuales para una teoría de los tugurios", art. rev. Noticiero IDU, reúna. 23, ed. Instituto de Desarrollo Urbano, Bogotá, mayo de 1978, sin pp.; y YUJNOVSKY, Oscar, 'Veinte años de investigación urbano-regional latinoamericana. Avances y perspectivas', pp. 86108, art. rey. Revista Interamericana de Planificación, vol. XVII, núm. 67, México, septiembre de 1983. pp. 5 27, en MORALES, Eduardo y Sergio ROJAS, "Relocalización socio-espacial de la pobreza. Política estatal y presión popular, 1979-1985", doc. de trabajo, núm. 280, ed. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Santiago, enero de 1986,82 pp.

5Diario LA TERCERA, "Ex allegados recibieron 190 casas en La Pintana", Santiago, 23 de febrero de 1989.

6RENGIFO, Agustín, 'Plano de la parte de la Zona Central de Chile regada por los acueductos de la Sociedad del canal de Maipo", ed. Directorio de la Sociedad del canal de Maipo, Santiago, marzo de 1902, s/ ese.

7TELLEZ, Cristián, "La Sociedad Cooperativa de Huertos Obreros José Maza de La Pintana", (loe, de trabajo, ed. Cátedra de I'Ihanivno, Curso de Análisis Urbano del Prof. Alberto GUROVIC, Escuela de Arquitertura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, Santiago, diciembre de 1984, ejemplar único, s/n pp.

8A. C. CONSULTORES (MUÑOZ, Mauricio y Vicente GAMEZ), 'Memoria explicativa del Plan Regulador de La Pintana", doc. anexo, ed. A. C. Consultores, Santiago, 1988, s/n pp.

9Entre otras fuentes: BAEZA G., Arturo, "Situación del área sur de Santiago", p. 3, art. en Diario EL MERCURIO, Santiago, 7 de octubre de 1969; BAHR, Jurgen y Ricardo RIESCO, "Estructura urbana de las metrópolis latinoamericanas. El caso de la ciudad de Santiago", pp. 27-55, art. res,. Revista de Geografía Norte Grande, núm. 8, ed, Instituto de Geografía, P. Universidad Católica Je Chile, Santiago, 1981; CODEPLAN, CONSULTORES DE PLANIFICACION (CORREA, Pastor y Moisés BEDRACK), "Estudio preinversionales de Santiago. Area programa núm. 5 (A. P. 5): San Miguel, La Cisterna, La Gran-ja, San Bernardo", ed, Dirección de Pl.utilicación del Desarrollo Urbano, Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Santiago, enero de 1971; MA'1"I'ELART, Arntand, "La morfología social de una capital latinoamericana: Santiago de Chile", pp. 15-47, art. rev. Cuadernos de Economía, año 4, núm. 11, cd. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Católica de Chile, Santiago, abril de 1967; y VARAS G.,Carlos, "Antedentes para una comparación entre los municipios de la ciudad de Santiago", doc. de trabajo de la serie Estudios en Administración, s/n, cd. Departamento de Administración, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de Chile, Santiago, 1982, s/n pp.

10pp. 21-23, en MORALES, E. y S. ROJAS (1986), op. r it.

11p. sin, co A. C. CONSULTORES (1988), op. cit.

12p. 511, cn MORALES, L. y S. ROJAS (1986), op. cit.

13Al respecto, véase: RODRIGUEL, Alfredo, "Veinte años de las poblaciones de Santiago: resultados de investigación", doc. de trabajo, ed. Sur, Centro de Estudios Sociales y Educación, Santiago CentreJ' Aivalyse et J'Interveution Sociologique, París, Santiago, abril de 1987, 32 Pp.

14p. 41 cn MURALI S, E. y S. ROJAS (1986), op. cit.

15pp. 7-8, cn MURALES M.,Eduardo y Sergio ROJAS R"Sectores populares y municipio", doc.de Trabajo del Programa FLACSO-Santiago de Chile, núm. 353, ed. Facultad Latinoamericana deCiencias Sociales (FLACSO), San-tiago, octubre de 1987, 26 pp.

16Entre otras fuentes: ALVAREZ, Jorge, "Los hijos de la erradicación", cd, PREALC, Programa Mundial del Empleo, Santiago, 1988: BAKIT, Emilio (citando a Francisco Javier LABBE y Andrés NECOCHEA), "Erradicaciones: en tres años se trasladó a una po-blación igual a la de Curicó", pp. 18-19, art. en Diario LA SEGUNDA, Santiago, 5 de diciembre de 1986; y M. M. L. (C. de 1. núm. 1.099.097-1 Je Santiago), 'Pobladores", p. 2, carta en Diario EL MERCURIO, Santiago, 20 de agosto de 1984.

17p. 55, en MORALES, E. y S. ROJAS (1986), op. cit.; y también cn Diario EL MERCURIO, "En Villa La Pintana: denuncian problemas de orden delictual con erradicados", Santiago, 12 de noviembre de 1986.

18p, 9, en VARAS G., Carlos y Ricardo CHACANA R., "Comunas y municipalidades de la provincia de Santiago: antecedentes para su comparación" doc. de trabajo de la serie Coyuntura, núm. 3, ed. 1)cpartamento de Administración, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de Chile, Santiago, diciembre de 1985,44 pp.

19p. 25, en MATAS C., Jaime y Ricardo JORDAN, "Expansión urbana de Santiago", doc. de trabajo mím. 160/88, ed. Instituto de Estudios Urbanos, P. Universidad Católica de Chile, Santiago, di¬ciembre de 1985, 55 pp.

20p. 12, en MORALES, E. y S. ROJAS (1987), op. cit., citando a las investigadoras Pilar VERGARA y Teresa RODRIGUEZ, de FLACSO (1987).

21p. 21, en MATAS, J. y R. JORDAN (1985), op. cit.